Boletín Memoriza Nº2 – Diciembre de 2016

¿Demencia senil o Alzheimer?

Un asunto histórico

Se   denomina   demencia   al estado  en  que  una  persona pierde capacidades cognitivas     al     punto     de requerir      asistencia      para actividades  cotidianas  como recordar  sus  medicamentos, el pago de sus cuentas o cómo llegar   a   alguna   parte. En etapas  avanzada  se  requiere incluso ayuda para comer, ir al baño o vestirse.

La mayoría de las demencias son degenerativas, esto es, se van  perdiendo  neuronas  de forma  acelerada,  sin  que  el proceso  se  pueda  detener  o revertir.     El     cuadro     más común  es  la  enfermedad  de Alzheimer,     que     afecta     a aproximadamente el 5% de la población mayor  de 65 años. También   está   la   demencia vascular       (secundaria       a infartos       o       hemorragias cerebrales),     infecciosa     (ej. SIDA  y  Sífilis),  por  procesos expansivos cerebrales, etc.

Una  pequeña  proporción  de las demencias son reversibles (ej.  Hormonales, Nutricionales, tumorales).

El enfoque clínico consiste en diagnosticar  la  presencia  de demencia   (a   través   de   la historia clínica y la aplicación de    test    que    evalúan    las capacidades     cognitivas)     y determinar  su causa (para lo cual    además    se    requieren estudios complementarios de neuroimágenes   y   exámenes de sangre).

Antiguamente    se    pensaba que    la    demencia    era    un proceso invariable de la edad. En  el  siglo  XIX  se  atribuía  a problemas     de     circulación cerebral (arterioesclerosis).  A principios   del   siglo   XX   el médico    alemán         Alois

Alzheimer     describió     una paciente  de  51  años  con  la enfermedad    que    lleva    su nombre,        relacionada       a depósitos                  cerebrales anormales       de       proteína amiloidea.  Se  pensó  que  las demencias   en   jóvenes   eran por Alzheimer y en viejos por arterioesclerosis.  Así  aparece el término de demencia senil o presenil (para las de menos de 60 años).

Hoy  en  día  se  sabe  que  la mayoría de las demencias en adultos mayores son también enfermedad de Alzheimer.

De modo que en la actualidad no  se  usa  el  término  senil  o presenil,   sino   más   bien   se clasifican  por  la  microscopía cerebral  y  los  síntomas  que presentan. En la Enfermedad de     Alzheimer     el     primer síntoma es  la  dificultad  para retener   nueva   información, de modo que los pacientes se vuelven repetitivos y tienden a olvidar hechos recientes.

Un cuento navideño

-Lo   que   usted   tiene   es   un infarto  lacunar.   Se  trata  de lesiones  muy  pequeñas,  que por su localización estratégica en el cerebro pueden provocar estragos  como esta parálisis que tiene. A todo esto ¿en qué trabaja usted don Luis?

-Soy chofer del  Transantiago doctor. Manejo  uno  de  esos buses grandes tipo oruga -me miró con unos ojos querendones color café intensamente oscuros. De tez morena,  unos sesenta  años, contextura   delgada. De   su cara caía una   larga   barba blanca   como   la   nieve,   que contrastaba con las negras frazadas de su catre de hospital. A falta de almohada, tenía   enrollada   una   sábana bajo su cabeza.  Al lado,  un viejo  velador  blanco,  con  la pintura   descascarada y un papel escrito con letra infantil: “te queremos mucho abuelito”.

-Linda su barba don Luis -dije sin pensar.

-Claro,   suelo   dejármela   en esta     época     de     navidad, aunque   a   mi   esposa   no   le gusta mucho.

– Seguramente trabajará usted como  Papá  Noel…  en  algún mall.

-No doctor. Aunque efectivamente me disfrazo de viejo pascuero, no lo hago por dinero. Me gusta conducir así y  ver  la  cara  de  asombro  de los pasajeros al subir. Así vivo yo la navidad -efectivamente parecía la    encarnación    de Papá  Noel-  Sabe,  yo  trabajo en    un    barrio    bien    bravo ¿Conoce usted La Pintana?

-La verdad nunca he ido, pero he escuchado que es una zona complicada.

-Efectivamente doctor -asintió con la cabeza- trabajar allí   es   muy   peligroso.   Los asaltos a los buses son comunes. Pero a mí, todos me conocen. Nunca me ha pasado  nada  e  incluso  tengo la  idea  que  los  patos  malos me ubican y me protegen. Le contaré una anécdota que me ocurrió hace  poco -los pacientes  de  las  otras  camas se acomodaron para escuchar- Iba yo conduciendo mi  máquina  y  justo  antes  de llegar  a  la  garita,  cuando  ya los pasajeros habían descendido,  pude  ver  en  un condominio    un    grupo    de niños  alrededor  de  un  árbol de  navidad.  De  pronto  uno gritó   apuntándome con el dedo “¡El viejito pascuero! ¡El viejito  pascuero!”  Los  niños salieron     corriendo     y     se subieron al bus. Me miraban con asombro y me tocaban la barba y el traje rojo. Un adulto se   acercó   y   me   susurró   al oído:   “Señor,   disculpe,   los niños  están  tan  ilusionados ¿sería  usted  tan  amable  de repartirles los regalos que les tenemos  preparados?”.  “Con todo gusto”, le contesté, “pero no  me  mando  solo,  tendrían ustedes que ir a hablar con mi jefe  que está en la garita”.  El jefe  accedió  y  procedí  a  la entrega de regalos. Los niños estaban dichosos. Al terminar me  subí  a  la  micro,  me  reí como Viejo Pascuero, toqué la bocina y seguí mi camino. Esa es   la   historia   de   mi   barba doctor  -una  nube  de  tristeza recorrió su rostro- Por favor, dígame   que   voy   a   poder volver   a   conducir,   dígame que   voy   a   poder   volver   a ilusionar a esos niños pobres de La Pintana.

Agradecimiento y deseos

Quiero sinceramente agradecerles la buena acogida del boletín, así como las recomendaciones y sugerencias enviadas.

En ese contexto, cambiamos el formato a uno que pudiera imprimirse con mayor facilidad e iremos incorporando los temas. Desearles que pasen unas muy felices fiestas y que el próximo año sea pleno de bendiciones

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